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Irene Bou, «Paisaje de lo pensado»

Del 19 de septiembre al 28 de octubre, en La Destil·leria

Imprescindible: descubrir a Irene Bou en la exposición que La Destil·leria, retomando el curso de muestras temporales, ofrece a amigos e incondicionales en general, con la certeza de hallarse ante una propuesta de indudable interés que, a buen seguro, satisfará a los más exigentes.

A pesar de esquivar las etiquetas sobre estilos o corrientes artísticas, Irene Bou rememora sus orígenes en lo que ha venido a denominarse art brut. De esta etapa y línea pictórica, Irene Bou cita la pintura radical y desenfadada de Jean-Michel Basquiat, del que, sin embargo, se diferencia por la sensibilidad femenina que, con el paso del tiempo, deriva en una pintura más detallista, dejando atrás las pinceladas gruesas y los colores primarios para conformar lo que algunos definen como «expresionismo figurativo».

Obviando estas calificaciones, que sobre todo los críticos de arte han querido ver en la obra de Bou, ella se considera una artista que ha tomado herramientas y técnicas procedentes de estilos y artistas muy diversos, experimentando tanto en la forma (collage, grafiti, ensamblaje, etc.) como en lo conceptual (temas existenciales, filosóficos, sociales, políticos, etc.).

Por todo ello, a Irene Bou no le parece relevante ni significativo que se la enmarque en un solo estilo, y prefiere que su obra se explique desde los rastros dejados por sí misma, y no a partir de corrientes ya existentes. Desde esta perspectiva, reconoce tres ámbitos de influencia: el mundo artístico, la filosofía y la literatura.

Recibe influencias de pintores venezolanos como Jacobo Borges, de Joseph Beuys –otro artista clave por su manera de entender arte y vida como unidad inseparable– o de Marcel Duchamp, con su concepto de objeto-obra-de-arte. Influencias de la poeta venezolana Jacqueline Goldberg, cuya lectura –esa manera de entrar en el cuerpo y rasgarlo desde la palabra– ha sido motivo de inspiración en muchas de las pinturas y dibujos de Bou. El filósofo y pensador Walter Benjamin –en cuyos escritos se encuentran muchas claves para entender nuestro presente– y del historiador, filósofo y escritor José Martín Hurtado Galves y su concepto del ser-objeto

Irene Bou cursó estudios de Bellas Artes en la Universidad Armando Reverón de Caracas (Venezuela), mención pintura. Se define sin embargo como artista autodidacta, que busca sus fuentes a través de libros, exposiciones, conferencias, la red…

En el 2005, fue invitada a participar en uno de los salones más reconocidos de Venezuela en la 62 edición del Salón Arturo Michelena. En 2013 fue invitada a participar en la XII edición del Premio Eugenio Mendoza, en Caracas. Y este año quedó finalista en la residencia de arte Crystal Ruth, en China.

De las exposiciones y muestras que ha llevado a cabo recuerda especialmente:

2009 «Conversación con Dios y con el Diablo» (expo y performance). Galería Artevistas, Barcelona.

2010 «A mi padre» (exposición). Galería Lisette Alibert, París.

2012 «Insatisfacción provocada» (exposición). Galería Lisette Alibert, París.

2015 «Ejes de libertad» (exposición). Galería Ateneo de El Hatillo, Caracas, Venezuela.

La exposición según la autora:

La construcción de esta exposición empezó con la lectura de un libro sobre Walter Benjamin que se llama el Pensador vagabundo. La potencia de las ideas de este autor me generaron inmediatamente imágenes muy claras. Desde ese momento entendí que la intención de esta muestra sería la interpretación pictórica de conceptos filosóficos relativamente contemporáneos de pensadores como Water Benjamin, Marina Garcés, Jacques Derrida y algunos no tan contemporáneos como Merleau Ponty.

La muestra es un todo en cuanto a lenguaje pictórico: el uso de símbolos, objetos pequeños, líneas irregulares, formas geométricas que pierden su rigorosa rectitud, etc. Sin embargo, es una muestra fragmentada porque cada obra por si sola, cuadro o dibujo, evoca un concepto filosófico distinto: se habla de las ruinas, la acumulación, el concepto del nosotros como lugar común, la colección, los desplazamientos, las posibilidades de acción dentro de los márgenes de cualquier papel en blanco, etc.

La palabra acompaña a la imagen en este recorrido, se desplaza unos centímetros el imperio de lo visual, se construye una experiencia entre lo racional y lo irracional, pero todo en niveles muy bajos: los conceptos son fragmentos y las pinturas sugieren más que muestran.

El espectador contemporáneo aprendió a preguntarse el porqué de lo que ve, no se conforma con el ojo, ese ojo cansado a demás de tanta información y tanta imagen, necesita algo más, o bien referentes personales del artista para empatizar y creerse lo que ve, o información precisa que lo posicione en el proceso que generó lo que está contemplando. Es una muestra para disfrutar de la palabra y de la imagen, pensando temas que están en nuestro presente, como el tema del mundo del trabajo, la sobrecarga de estimulación de nuestro mundo contemporáneo, el poder, etc.


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